El papel del arte y la cultura en la apreciación del valor estético

Captar el significado de una obra parece solicitar valores estéticos. Los efectos perceptibles constituirían bases sólidas. Pero la realidad es muy diferente. En este texto veremos la relación entre el arte y los valores estéticos.

Comprender la belleza y la estética

La belleza es una noción abstracta. Es un juicio que nos formamos en torno a un objeto, un arte, etc. Está sujeta a «muchos aspectos de la existencia humana (estética, cultura, historia, sociología, psicología, arte)», según Wikipedia. Aunque el término fue introducido por el filósofo alemán A. G. Baumgarten en el siglo XVIII, el conocimiento intuitivo sobre la belleza y la estética siempre ha existido. También hay que entender que la estética incluye la expresión en general y no sólo la belleza. En una obra de arte, es un valor característico. La estética no aprecia cualquier expresividad, sino aquella que se impone a nuestros ojos, nos cautiva, nos libera de cualquier otra representación y anima un sentimiento, haciéndonos considerarlo como un enriquecimiento espiritual. Por tanto, el placer estético es subjetivo, al igual que la belleza.

La fluctuación del contenido estético

Los valores de un contenido estético son inestables. De hecho, los productos culturales, como el arte y la literatura, sufren fácilmente estos cambios. Están sujetos a la evaluación de valores como objetos que pueden contener un valor ético y/o estético en sí mismos, pero también como «portadores» de una especie de dato de valor. Así, muchas investigaciones plantean el problema de «¿es el arte el objeto de la estética? Cuando definimos el arte, generalmente nos basamos en los efectos perceptibles por nuestro ser, como el gusto. El arte se define como una producción con valor estético. Entonces, ¿qué juzgamos cuando evaluamos un objeto artístico?

La relación entre el arte y el valor estético

El valor estético se basa en un sentido amplio en varios valores que Carol Talon-Hugon define en su artículo titulado «Valor y estética, valor de mercado» en 2004. Comenzamos con las «propiedades estéticas estrictamente evaluativas». Los reconocemos por calificativos como hermoso, bonito, sublime, espléndido, horrible. A continuación, consideramos las propiedades estéticas descriptivas-evaluativas; incluye nociones como elegante, equilibrado, agraciado, pesado, etc. Por último, consideramos las propiedades descriptivas-afectivas de términos como triste, sereno, siniestro, etc. Pero en el mundo del arte estas características se cuestionan, como señala Carol Talon-Hugon: «Primer punto: el valor estético en sentido amplio de una obra de arte nunca se reduce a su valor estético en sentido estricto (…). En segundo lugar, hay obras cuyo valor estético está simplemente ausente, o incluso negado (…). Por último, el tercer punto es que incluso en el caso de que el valor estético permanezca, el valor propiamente artístico, ligado a la consideración de la intención» (…)